4/1/21

UNA FUENTE, DOS LIBROS

“A ti no logra tocarte la estación atroz de la canícula encendida”

Horacio

Este jueves 7 de enero se cumplirán 35 años de la muerte de Juan Rulfo. Empecemos con una declaración obvia: Juan Rulfo es uno de los autores más emblemáticos no sólo de la literatura mexicana, sino mundial. Es innegable que, con el paso del tiempo, su obra resulte un entramado de imágenes y significados cada día más complejo y completo.

En 2017, con motivo de su centenario, los hijos del escritor lanzaron un documental extenso de varios capítulos, con la participación de diversos especialistas. Aunque es principalmente conocido por las historias de El Llano en llamas o por los símbolos de Pedro Páramo, Juan Rulfo aparece como un artista en un muy amplio sentido.

Cien años con Juan Rulfo presenta las diversas facetas creativas y vitales de del escritor jalisciense, paralelas a la escritura de sus libros. El hilo conductor del documental es el afán de reconstruir las series fotográficas de Rulfo, con el fin de explicar la amplitud de su trabajo artístico y la relación entre imágenes y texto.

De ese modo, el documental nos permite conocer las varias dimensiones o las posibles interpretaciones que tiene la obra de Juan Rulfo, quien a través de la palabra logra hacernos sentir el más temible de los silencios y la más insoportable de las temperaturas. También mediante su escritura es que ciertos lugares los imaginamos como si fueran fotografías.

El poeta latino Horacio elogió a una fuente vecina, augurándole una fama imperecedera, tanta que ninguna canícula podría tocarla y por tanto secarla, como dice al inicio de este texto. Con su poema, Horacio le dio renombre a una sencilla y fresca fuente.

Juan Rulfo le confirió una amplia fama a un territorio en apariencia desolado, mediante las palabras de su novela y las fotografías de sus recorridos por el país. En otras palabras, supo imaginar un territorio que ya existía y que, para gracia o desgracia, se parece mucho a este que habitamos.

El documental de la vida y obra de Juan Rulfo constituye un homenaje íntimo que deriva en una poderosa invitación a acercarnos a sus libros, como una fuente de inagotable y refrescante placer. Ojalá tampoco lo alcance la ardiente canícula.

 




Vicecoordinador del Grupo Parlamentario del PRD


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LA PRISA Y LA PAUSA

“En las cosas grandes y dudosas la mayor dificultad está en los principios.”

Miguel de Cervantes

 

El año 2020 deja una huella indeleble. Los seres humanos hemos sabido adaptarnos rápidamente a un sinfín de situaciones graves que nos ponen siempre a prueba; otras veces es la naturaleza la encargada de activar esa respuesta.

La crisis sanitaria por COVID-19 no fue la excepción, sin olvidar los efectos dolorosos que se siguen contando en todo el mundo. De alguna manera, con la prisa y el miedo supimos establecer una relación cordial con elementos nuevos: el nombre de una enfermedad causada por un virus extraño, la cuarentena prolongada, las medidas sanitarias tardías o lejanas (y un no tan breve etcétera).

Acostumbrados a pensar según nuestro calendario, le atribuimos cierto tipo de poder cíclico, de ritual. Uno que pudiera enmendar lo vivido en estos meses que ya son historia, aunque sepamos que seguirán ahí en las estadísticas y en nuestros recuerdos. Sabemos que muchos procesos no se ajustan a ningún calendario.

Nos hemos adaptado a este asunto tan grande como lleno de dudas. Sumisos, embriagamos las manos con alcohol, nos sometemos a que se sepa, incluso, cuál es el calor o la frialdad del propio cuerpo. ¿Cuál será la temperatura del pensamiento?

Zygmunt Bauman acuñó el término “modernidad líquida”; ahora puede resultar algo preciso e ineludible. Hemos entrado a una era en la que las cosas dejan de ser sólidas, parecen disolverse: las relaciones personales, los valores, el acceso a los servicios básicos.

La noticia del desarrollo rápido de la vacuna hizo brotar una forma de esperanza y optimismo. Las buenas noticias al respecto empezaron a correr, así como los acuerdos de varios gobiernos para adquirir dosis del flamante bálsamo.

Sin embargo, la pandemia, además de una angustia a gran escala, trajo consigo un cúmulo de desinformación, noticias falsas y contradictorias. Ello es visible en la reticencia a recomendar el uso del cubrebocas y hasta en la aparente desesperación por ser inmunizados con la nueva medicina: ¿De verdad será la solución definitiva? ¿Cuáles serán los efectos secundarios? Es una prisa que no quiere entender la condición en que nos encontramos.

Dos sectores grandes que dejan ver dos graves problemas por venir. Por un lado, casi a las sombras, andan quienes rechazan la bondad de esta o cualquier otra vacuna. Se sabe que la vacunación infantil es obligatoria en México, aunque se mire siempre a otros sitios donde no tiene ese carácter. La libertad y la enfermedad tienen sus bemoles.

Por otro, quienes dicen no querer esperar a ser inoculados según el plan anunciado y buscan comprarla al precio que sea (a través de influencias o en algún supermercado transnacional). La voluntad es firme en otras latitudes: la vacuna es prioridad para quien la necesita, no para quien pueda pagarla.

Un texto reciente del New York Times (“For COVID-19 vaccines, some are too rich- and too poor”, 28 diciembre) va sobre este asunto: una fábrica sudafricana producirá miles de dosis de la vacuna sin que una sola esté destinada a ese país en el mediano plazo. La pandemia provoca que la desigualdad siga creciendo.

Es necesario hacer una pausa y reflexionar en torno a lo que este 2020 nos ha dejado a los mexicanos: reconocer que hay lecciones aprendidas y otras por aprender; que no hay que bajar los brazos.

Al menos sabremos, como dice Cervantes, que “la mayor dificultad” ya empieza a quedar atrás.

 
 
 



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