4/8/26

La memoria de las células

 

La memoria de las células



«El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.»

Marcel Proust

Durante siglos, creímos que envejecer era como el desgaste inevitable de una máquina: piezas que se rompen, sistemas que fallan, un final que llega por acumulación de daño. Pero la biología contemporánea está empezando a sugerir algo mucho más inquietante —y más esperanzador—: que quizá no todo sea desgaste, sino también olvido. Que nuestras células no estén simplemente “gastadas”, sino desorientadas. Como si hubieran perdido parte de las instrucciones que alguna vez supieron leer. Y si una célula puede olvidar… ¿podría también recordar?



El 9 de junio, un paciente recibió la primera dosis de una terapia genética experimental diseñada para intentar algo extraordinariamente preciso: devolver a ciertas células del ojo la capacidad de comportarse como si fueran más jóvenes.

No es una promesa de inmortalidad. No es una fuente de juventud. Es algo más sobrio —y, por eso mismo, más importante—: el inicio de un ensayo clínico cuyo primer objetivo no es curar, sino demostrar que no hace daño. Antes de cambiar el mundo, hay que demostrar que no lo rompe.

La idea que sostiene este trabajo es engañosamente simple. El ADN de nuestras células permanece prácticamente intacto desde el nacimiento hasta la muerte. Con el tiempo, la célula acumula “ruido”: marcas químicas, bloqueos y señales que alteran la interpretación de sus propias instrucciones.

Como una biblioteca donde los libros siguen ahí, pero las páginas están cubiertas de anotaciones, tachaduras y polvo. El conocimiento no desaparece: se vuelve ilegible. Lo que intentan los científicos no es escribir un nuevo libro, sino facilitar nuevamente la lectura.

Esta línea de investigación nace del trabajo de Shinya Yamanaka, quien demostró que una célula adulta puede ser reprogramada hasta un estado muy cercano al embrionario. Aquel hallazgo cambió la biología moderna y le valió el Premio Nobel. Pero el objetivo actual es mucho más delicado: no borrar la historia de la célula, sino afinarla. No retroceder el reloj, sino corregirlo apenas lo suficiente para recuperar su función sin perder su identidad.

En modelos animales, algunas neuronas del ojo han mostrado signos de regeneración y recuperación. Pero entre un ratón y un ser humano hay un abismo que la ciencia conoce demasiado bien. La mayoría de los resultados prometedores no sobreviven a ese salto. Por eso, hoy, nadie habla de una cura. Se habla de una posibilidad. Y, aun así, esa posibilidad ya es un cambio radical.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de dos mil millones de personas viven con algún grado de discapacidad visual. Si alguna vez una terapia como esta funcionara, su impacto no sería abstracto. Sería íntimo. Concreto. Humano. No se trataría de vencer al tiempo, sino de recuperar fragmentos de vida cotidiana: leer una carta sin ayuda o reconocer una mirada al otro lado de la habitación.

Pero toda promesa biológica viene acompañada de su sombra. Rejuvenecer una célula puede implicar también desestabilizar su identidad. Empujarla demasiado lejos podría abrir la puerta a crecimientos descontrolados. Por eso, cada avance está rodeado de cautela, controles y límites estrictos. La ciencia no avanza por entusiasmo, sino por verificación.

Y, aun así, queda una pregunta que no es técnica, sino ética. Si estas terapias llegan a funcionar, ¿quién podrá acceder a ellas? ¿Serán un avance universal o un privilegio? Existe una paradoja incómoda en el corazón de esta investigación: aprender a revertir el envejecimiento celular mientras millones de personas aún no tienen acceso a lo más básico de la medicina. La biología puede avanzar más rápido que la justicia.

Quizá, sin embargo, la verdadera importancia de este campo no esté en prolongar la vida, sino en cambiar la forma en que entendemos su fragilidad. El envejecimiento deja de ser un muro absoluto y empieza a parecer un proceso con mecanismos, con capas y con puntos de intervención posibles. No es que hayamos vencido al tiempo. Es que hemos empezado a leerlo. Todavía estamos lejos de revertirlo. Muy lejos.

Pero tal vez el hallazgo más profundo no sea que podamos hacer más jóvenes a nuestras células, sino algo más sutil e inquietante: que nunca dejaron de saber quiénes eran, sino que solo dejaron de poder decirlo con claridad.

Y, si eso es cierto, entonces la ciencia no estaría inventando la juventud. Estaría, simplemente, aprendiendo a escuchar de nuevo. Porque, al final, la mayor promesa no es añadir años a la vida ni vivir más años, sino vivir más plenamente los años.



Publicado en La Crónica de Hoy, 4 de agosto, 2026.




Infraestructura para ahorrar tiempo, tecnología para salvar vidas

 Infraestructura para ahorrar tiempo, tecnología para salvar vidas


«La innovación distingue a quienes lideran de quienes siguen.»
Steve Jobs

Durante años, el crecimiento de la población derechohabiente superó con amplitud la expansión de la infraestructura médica. Esa brecha explica buena parte de la saturación que millones de familias enfrentaron en hospitales y clínicas. Hoy el panorama empieza a cambiar con una estrategia que combina inversión pública, nuevas unidades médicas, equipamiento de alta especialidad, innovación tecnológica y prevención. Durante la conferencia encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum en Toluca, el director general del IMSS, el Mtro. Zoé Robledo, sintetizó el desafío: “Durante muchos años en la zona oriente del Estado de México creció la población derechohabiente, pero la infraestructura quedó atrás. Hoy estamos corrigiéndolo con estas obras”.

La afirmación encuentra respaldo en las cifras. El Plan Integral para la Zona Oriente del Estado de México concentra una inversión de 5 mil 678 millones de pesos durante 2026 para desarrollar 14 proyectos de infraestructura. Hospitales en Chicoloapan, Ecatepec y Chimalhuacán, dos Unidades de Medicina Familiar Plus en Valle de Chalco y Tlalnepantla, además de Centros de Educación y Cuidado Infantil que buscan ampliar la cobertura desde la primera infancia. Cada proyecto responde a una necesidad concreta. El hospital de Chicoloapan rescata un inmueble abandonado durante años. El Hospital Pediátrico Oncológico de Ecatepec devolverá a la vida un edificio inconcluso desde 2007, equipado con aceleradores lineales para atender cáncer infantil. Chimalhuacán contará con un hospital regional de 535 camas que modificará la capacidad de respuesta para una de las zonas con mayor demanda de servicios médicos.

Las nuevas UMF Plus representan otro cambio relevante. Más allá de la consulta familiar tradicional, incorporan especialidades, rehabilitación, salud mental, tomografía, rayos X y 168 sillones de hemodiálisis distribuidos entre ambas unidades. El objetivo apunta hacia un primer nivel con mayor capacidad resolutiva, capaz de disminuir referencias innecesarias a hospitales y acercar servicios que antes implicaban largos traslados. La modernización también avanza desde la tecnología. El Instituto adquirió 42 nuevos tomógrafos que ya operan en 40 hospitales de 19 estados, lo que representa el servicio de la tecnología para diagnósticos precisos. Además, incorporó 17 nuevos resonadores magnéticos, la mayor renovación reciente en equipos de diagnóstico por imagen. Catorce fueron adquiridos mediante un esquema consolidado que permitió negociar directamente con los fabricantes, fortaleciendo la capacidad tecnológica del Instituto. Se trata de equipos de 1.5 y 3 teslas que emplean inteligencia artificial para generar imágenes con precisión milimétrica, fortaleciendo la detección temprana de tumores, aneurismas, enfermedades neurológicas, cardiacas y diversos tipos de cáncer.

El beneficio rebasa el terreno tecnológico. Un estudio neurológico que antes requería entre 45 y 60 minutos podrá realizarse en apenas 10 o 15 minutos. Diversos estudios de columna reducirán su duración a menos de media hora. Esa diferencia significa menos tiempo de espera, menos ansiedad para los pacientes, mayor comodidad para quienes viven con dolor o tienen dificultades para permanecer inmóviles, además de casi duplicar la capacidad diaria de atención. La innovación médica también alcanza áreas altamente especializadas. La fotoféresis extracorpórea, aplicada para pacientes con complicaciones derivadas de trasplantes, linfomas cutáneos y rechazo de órganos, registra una respuesta global cercana al 70 por ciento entre los pacientes atendidos por el Instituto entre 2023 y 2026. El siguiente paso consiste en ampliar esta terapia hacia otras Unidades Médicas de Alta Especialidad, acercando opciones terapéuticas que hasta hace poco permanecían limitadas a muy pocos centros del país.

Toda esta inversión perdería impacto sin una estrategia preventiva sólida. En ese terreno, el IMSS fortalece la detección oportuna de hepatitis B y C mediante pruebas rápidas, gratuitas y confidenciales, cuyos resultados se obtienen en apenas 10 o 15 minutos. La relevancia resulta evidente cuando la hepatitis C puede permanecer silenciosa durante dos o tres décadas antes de manifestarse clínicamente. Durante 2025, el Instituto otorgó más de 200 mil consultas relacionadas con hepatitis y cirrosis. La aplicación de antivirales de acción directa altamente eficaces que permiten curar la hepatitis C en pocos meses y controlar la hepatitis B, lo que hace aún más relevante detectar la enfermedad antes de que provoque daños irreversibles al hígado.

El IMSS atraviesa una etapa en la que infraestructura, innovación tecnológica y prevención avanzan sobre la misma ruta. El reto permanece enorme, sobre todo frente al tamaño de la demanda nacional. Al final, cada hospital construido, cada resonador instalado y cada diagnóstico oportuno representan algo mucho más valioso que una cifra. Representan tiempo, esperanza y mejores oportunidades de vida para millones de familias mexicanas.


Publicado en El Universal, 30 de julio, 2026.