29/9/26

Cuando la democracia vota contra sí misma

 

Cuando la democracia vota contra sí misma


«La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer.» Antonio Gala

Las urnas de Sajonia-Anhalt dejaron este domingo una imagen incómoda para Alemania y quizá una advertencia para todas las democracias: Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo 43.8 por ciento de los votos (al momento de la redacción de este artículo) y 39 de los 83 escaños del parlamento regional. Le faltaron apenas 3 para alcanzar la mayoría absoluta. No llegó mediante una insurrección ni rompió las puertas del Parlamento. Llegó con votos. Ahí comienza el verdadero problema.



La organización estatal de AfD está clasificada por la Oficina para la Protección de la Constitución de Sajonia-Anhalt como una fuerza de extrema derecha confirmada, por considerar que parte de su actuación política se dirige contra principios esenciales del orden democrático, particularmente la dignidad humana. Y, sin embargo, casi 44 de cada cien electores votaron por ella.

Los principales partidos alemanes han mantenido frente a AfD una Brandmauer, literalmente una “muralla contra incendios”: un compromiso político —no una prohibición legal— para no formar gobiernos ni construir mayorías con la ultraderecha. AfD conserva sus escaños, participa en el Parlamento y representa a sus electores, pero sus adversarios se niegan a proporcionarle la mayoría que las urnas no le dieron. En un régimen parlamentario, esto es perfectamente democrático. Ganar más votos que cada uno de los adversarios no concede automáticamente el gobierno. Para gobernar, hay que construir una mayoría parlamentaria.

El cordón sanitario puede terminar produciendo una sensación profundamente peligrosa: que millones de votos sirven para ocupar asientos, pero no para orientar el poder. Cuando una fuerza política queda convertida de antemano en un socio imposible, sus electores pueden llegar a creer que existe una ciudadanía políticamente aceptable y otra condenada a mirar desde fuera.

Sin embargo, derribar esa muralla encierra el peligro contrario. Porque democracia no significa solamente contar votos. Significa también preservar la dignidad humana, las libertades, la igualdad ante la ley, la división de poderes y el derecho de las minorías a continuar siendo libres incluso cuando una mayoría quisiera restringir sus derechos.

Alemania aprendió esa diferencia de la manera más dolorosa. Los nazis nunca consiguieron una mayoría absoluta en unas elecciones libres. En julio de 1932, la NSDAP obtuvo 37.3 por ciento de los votos y se convirtió en la primera fuerza del Reichstag. En noviembre perdió votos. Hitler no llegó a la Cancillería como consecuencia automática de una mayoría electoral: fue nombrado canciller por el presidente Paul von Hindenburg el 30 de enero de 1933, en medio de una República de Weimar debilitada y de los cálculos de unas élites conservadoras que creyeron que podrían controlarlo. Se equivocaron. Una vez dentro del poder, Hitler destruyó progresivamente las condiciones que hacían posible disputárselo. Recordarlo no significa afirmar que AfD sea una repetición del nazismo. Las analogías fáciles suelen impedir entender tanto el presente como el pasado. Significa comprender por qué, después de aquella catástrofe, la Ley Fundamental alemana de 1949 puso la dignidad humana en su primer artículo y construyó el concepto de una democracia defensiva: una democracia que no tiene la obligación de proporcionar las herramientas para su propia destrucción.

La democracia puede equivocarse porque los ciudadanos podemos equivocarnos. Votamos bajo el miedo, creemos promesas imposibles y algunas veces castigamos al presente sin calcular el precio que pagará el futuro. Por eso la democracia no es el mejor sistema porque produzca siempre decisiones sabias. Lo es porque permite corregirlas sin sangre, limita al vencedor, protege al derrotado y conserva abierta la posibilidad de cambiar de rumbo. Su grandeza no está en ser infalible, está en permitir la rectificación.

Porque una muralla puede impedir que alguien entre al gobierno. Lo que ninguna muralla puede hacer es recuperar la confianza de quien ya se fue. Alemania necesita límites firmes frente a cualquier proyecto que degrade derechos, pero también puertas abiertas hacia quienes se sienten abandonados. Ese es el desafío que dejaron las urnas de Sajonia-Anhalt: proteger la democracia sin dejar de escuchar a los ciudadanos. Cuando una democracia deja de convencer, tarde o temprano aparece alguien dispuesto a vencer.


Publicado en La Crónica de Hoy, 8 de septiembre, 2026.

Las cifras de un país que avanza

 Las cifras de un país que avanza


«Vamos mejor y tenemos rumbo.»
Claudia Sheinbaum

Un informe de gobierno puede leerse desde la vida cotidiana. Una cifra, por sí sola, es apenas un dato frío. Adquiere sentido cuando se convierte en el salario que alcanza un poco más, en la beca que permite continuar estudiando, en la consulta médica que llega a una comunidad apartada o en la tranquilidad de una familia que, por fin, puede imaginar un futuro. El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum reúne una gran cantidad de números. No todos tienen el mismo peso ni pueden explicar, por sí mismos, un país tan diverso y desigual como México. Sin embargo, cuando se observan con cuidado y se contrastan con lo que ocurre en los hogares, permiten reconocer avances que sería injusto ignorar.

Durante 2025, el Gobierno Federal reportó ingresos históricos por 6 billones 46 mil millones de pesos, 487 mil millones más que el año anterior. Al cierre de agosto de 2026, la recaudación superaba en 149 mil millones de pesos la registrada durante el mismo periodo de 2025, mientras que el gasto corriente se redujo en 200 mil millones respecto de 2024. La inversión extranjera directa alcanzó cerca de 35 mil millones de dólares durante el primer semestre de 2026. 
México tiene alrededor de 60 millones de personas ocupadas y mantiene una tasa de desempleo cercana al 2.7 por ciento. Sin embargo, el trabajo no sólo debe medirse por el número de empleos creados, sino también por la dignidad que ofrecen. Tener una ocupación no basta si el salario es insuficiente, si no existe seguridad social o si la jornada deja poco tiempo para la familia y el descanso. Por eso, uno de los cambios más significativos se encuentra en los ingresos de quienes viven de su trabajo. El salario mínimo mensual pasó de 2 mil 800 pesos en 2018 a 9 mil 582 pesos en 2026; en la frontera norte llegó a 13 mil 409 pesos. El salario promedio de la economía formal alcanzó los 20 mil 212 pesos mensuales y la pobreza laboral se ubicó en su nivel más bajo desde 2005.

Detrás de ese avance hay historias sencillas: una familia que puede comprar más alimentos, una madre que enfrenta con menos angustia el regreso a clases o un trabajador que ya no tiene que elegir entre pagar el transporte o llevar algo a la mesa. Ningún aumento resuelve por sí solo todas las dificultades, especialmente cuando el costo de la vida continúa presionando a los hogares, pero recuperar el valor del salario significa comenzar a saldar una deuda que se acumuló durante décadas.
También hay cambios importantes para quienes trabajan mediante plataformas digitales, que ahora pueden acceder a seguridad social y reparto de utilidades. A ello se suma la reducción gradual de la jorna éxico tiene alrededor de 60 millones de personas ocupadas y mantiene una tasa de desempleo cercana al 2.7 por ciento. Sin embargo, el trabajo no sólo debe medirse por el número de empleos creados, sino también por la dignidad que ofrecen. Tener una ocupación no basta si el salario es insuficiente, si no existe seguridad social o si la jornada deja poco tiempo para la familia y el descanso. Por eso, uno de los cambios más significativos se encuentra en los ingresos de quienes viven de su trabajo. El salario mínimo mensual pasó de 2 mil 800 pesos en 2018 a 9 mil 582 pesos en 2026; en la frontera norte llegó a 13 mil 409 pesos. El salario promedio de la economía formal alcanzó los 20 mil 212 pesos mensuales y la pobreza laboral se ubicó en su nivel más bajo desde 2005.

Detrás de ese avance hay historias sencillas: una familia que puede comprar más alimentos, una madre que enfrenta con menos angustia el regreso a clases o un trabajador que ya no tiene que elegir entre pagar el transporte o llevar algo a la mesa. Ningún aumento resuelve por sí solo todas las dificultades, especialmente cuando el costo de la vida continúa presionando a los hogares, pero recuperar el valor del salario significa comenzar a saldar una deuda que se acumuló durante décadas. El bienestar constituye otro de los ejes del Informe. Para el cierre de 2026 se prevé que los programas sociales lleguen a 42 millones 860 mil derechohabientes, con una inversión cercana a un billón de pesos. Entre ellos se encuentran casi 13.8 millones de personas adultas mayores, 2.8 millones de mujeres de entre 60 y 64 años y 2 millones de personas con discapacidad.

También hay cambios importantes para quienes trabajan mediante plataformas digitales, que ahora pueden acceder a seguridad social y reparto de utilidades. A ello se suma la reducción gradual de la jornada laboral hasta llegar a las 40 horas semanales en 2030. El trabajo debe permitir vivir, no consumir por completo la vida. El bienestar constituye otro de los ejes del Informe. Para el cierre de 2026 se prevé que los programas sociales lleguen a 42 millones 860 mil derechohabientes, con una inversión cercana a un billón de pesos. Entre ellos se encuentran casi 13.8 millones de personas adultas mayores, 2.8 millones de mujeres de entre 60 y 64 años y 2 millones de personas con discapacidad.

En educación, ocho millones de alumnas y alumnos de primaria recibieron apoyo para útiles y uniformes; cerca de cinco millones de jóvenes de educación media superior cuentan con la Beca Benito Juárez y alrededor de 800 mil estudiantes universitarios tendrán una beca. Además, más de 73 mil escuelas recibieron recursos para mejorar sus instalaciones. La importancia de estos apoyos no reside únicamente en su alcance, sino en su capacidad para impedir que la falta de dinero decida quién puede estudiar y quién debe abandonar el aula.

La salud, quizá como ningún otro ámbito, nos recuerda que gobernar también significa cuidar. El Informe registra 33 hospitales nuevos en operación, 11 Unidades de Medicina Familiar y 36 centros de salud y consultorios. También se habilitaron 650 quirófanos, mientras que el programa Salud Casa por Casa ha realizado más de 23 millones de visitas gracias al trabajo de cerca de 20 mil profesionales.

En seguridad, inevitablemente, se exige una lectura prudente. El Gobierno reporta una reducción del 51 por ciento en los homicidios dolosos desde el inicio de la administración y una disminución del 54 por ciento en los delitos de alto impacto respecto de 2018.

La presidenta Claudia Sheinbaum resumió su Segundo Informe con una frase: “Vamos mejor y tenemos rumbo”. Los datos presentados ofrecen argumentos para sostener la primera parte de esa afirmación. La segunda, la del rumbo, deberá demostrarse todos los días. Porque un país no avanza solamente en las gráficas ni en los discursos. Avanza cuando el crecimiento llega al salario; cuando una beca evita que un joven abandone la escuela; cuando una persona mayor tiene sus medicinas; cuando una familia consigue una vivienda; cuando una comunidad recibe electricidad y cuando un paciente encuentra atención donde antes sólo había distancia. Es ahí, en la vida concreta, donde las cifras dejan de pertenecer al gobierno y comienzan verdaderamente a pertenecerle a la gente.

Publicado en El Universal, 3 de septiembre, 2026.