16/4/26

El planeta sin insectos: la crisis que ya empezó y nadie escucha

 

El planeta sin insectos:

 la crisis que ya empezó y nadie escucha

 

«Si amas al sol que te alumbra, tal vez amas y si amas al insecto que te muerde, amas.»

Antonio Porchia

 

Al despertar una mañana, Gregorio Samsa —el protagonista de La metamorfosis de Franz Kafka— descubrió que se había convertido en un insecto. Hoy podríamos reescribir esa escena con un giro más inquietante: Samsa ya no podría existir, no por su transformación, sino porque el mundo en el que despertaría es uno donde los insectos están desapareciendo. Y esta vez no es literatura, sino evidencia acumulada, reciente y verificable. En marzo de 2026, estudios sobre fisiología térmica confirmaron que miles de especies de insectos —sobre todo en zonas tropicales— viven ya al límite de su tolerancia al calor, sin margen real para adaptarse a aumentos de temperatura. El cambio climático no es solo un factor adicional: está empezando a volver inviable su existencia.

Los datos más recientes consolidan una tendencia que ya no admite duda. A nivel global, aproximadamente el 50% de los polinizadores está amenazado, y cerca del 40% de las especies de polinizadores invertebrados —abejas, mariposas— enfrenta riesgo de extinción. En términos acumulados, estudios y revisiones coinciden en que las poblaciones de insectos están disminuyendo entre 1% y 2.5% cada año, lo que implica pérdidas cercanas al 30% en apenas dos décadas. En algunos contextos, el desplome es aún más abrupto: proyectos recientes en Europa han documentado caídas de hasta 80% en insectos voladores en 20 años. Y en ecosistemas aparentemente intactos, como zonas montañosas de Estados Unidos, se han registrado descensos del 72% en apenas dos décadas, asociados directamente al aumento de temperatura. No es un fenómeno local ni episódico: es una transformación sostenida y global.

El caso de los polinizadores resulta particularmente revelador. En 2025, apicultores en Estados Unidos reportaron pérdidas sin precedentes: más del 60% de las colonias de abejas desaparecieron en una sola temporada, con proyecciones que alcanzan hasta el 70% en algunos escenarios. Paralelamente, un estudio sobre mariposas mostró una caída del 22% en sus poblaciones desde el año 2000, con más de cien especies reducidas a la mitad o menos. Estas cifras no son anecdóticas: las mariposas son indicadores ecológicos, y su descenso refleja un deterioro más amplio. De hecho, investigaciones recientes advierten que no están desapareciendo únicamente las especies raras, sino las más comunes, aquellas que sostienen el funcionamiento cotidiano de los ecosistemas. No estamos perdiendo lo excepcional, sino lo estructural.

En México, el caso de la mariposa monarca introduce un matiz que vuelve el fenómeno aún más complejo. En 2026, su población invernal aumentó alrededor de 64% respecto al año anterior, una señal que algunos interpretaron como recuperación. Sin embargo, ese repunte ocurre después de años de colapso y la especie sigue muy por debajo de sus niveles históricos, vulnerable a sequías, pérdida de hábitat y eventos climáticos extremos. Es decir, incluso cuando los datos parecen positivos, el sistema sigue siendo frágil. La recuperación parcial no contradice la crisis: la confirma en su carácter inestable.

El problema no es solo ecológico, es estructural para la vida humana. Los insectos polinizan aproximadamente un tercio de los cultivos globales y sostienen redes alimentarias completas. Sin ellos, disminuye la producción agrícola, colapsan cadenas tróficas y se altera la fertilidad de los suelos. Pero el giro más inquietante, el verdaderamente contemporáneo, es que ahora sabemos que el clima está actuando como fuerza dominante. Según estudios recientes, el cambio en temperatura y precipitación ya afecta a más del 30% de las poblaciones de insectos en el mundo. No se trata solo de pérdida de hábitat o contaminación: es una alteración del entorno planetario que redefine las condiciones básicas de existencia.

Kafka imaginó una transformación absurda e imposible. La nuestra es más silenciosa y más radical. No nos estamos convirtiendo en insectos: estamos asistiendo a su desaparición progresiva. Y en ese proceso, casi imperceptible al principio, se revela algo más profundo. Porque si los organismos más numerosos, resilientes y antiguos del planeta —aquellos que han sobrevivido a extinciones masivas— comienzan a desaparecer en cuestión de décadas, la pregunta ya no es qué les está ocurriendo a ellos. La pregunta es qué está ocurriendo con el mundo que compartimos… y cuánto tiempo seguirá siendo habitable también para nosotros.


Publicado en El Universal, 26 de marzo 2026.

 

El orden nacido del cuerpo fragmentado

 EL ORDEN NACIDO DEL CUERPO FRAGMENTADO



“El hombre encuentra en sí mismo tanto al enemigo como al aliado.” — Marco Aurelio

En dos civilizaciones separadas por océanos y milenios —Egipto y el mundo mexica— aparece una misma escena: un cuerpo despedazado da origen al orden.

¿Simple coincidencia o resultado estructural?

En los antiguos relatos egipcios, Osiris es traicionado por su hermano Set. Engañado durante un banquete, es encerrado en un cofre y arrojado al Nilo. Isis recupera el cuerpo, pero Set lo fragmenta y dispersa sus partes. A partir de esa ruptura nace algo nuevo: Osiris no vuelve a la vida terrenal, sino que se convierte en señor del inframundo, juez de los muertos. Su hijo Horus restablece el orden en la tierra y legitima el poder.

En el mundo mexica, la escena es distinta y, sin embargo, idéntica en su fondo. Coatlicue concibe de manera prodigiosa. Sus hijos, encabezados por Coyolxauhqui, intentan matarla. Pero en el instante del ataque nace Huitzilopochtli, ya armado, ya adulto. Derrota a sus hermanos, decapita a su hermana Coyolxauhqui y arroja su cuerpo desde lo alto del templo. El cuerpo se fragmenta al caer. Esa imagen queda fijada en piedra, al pie del Templo Mayor. Dos relatos. Dos hermanos. Dos cuerpos desmembrados. Un mismo principio. El orden no surge unitario, de una sola pieza. Surge después de la ruptura.

En Egipto, las partes de Osiris, dispersas por el territorio, permiten reconstruir simbólicamente la unidad en el más allá. En el mundo mexica, el cuerpo desmembrado de Coyolxauhqui se convierte en imagen permanente del triunfo solar sobre la luna. Es fundamento de la pirámide, principio de la escala. Vida y muerte, día y noche, continuidad y conflicto: todo queda organizado a partir de una violencia inicial.

Más aún: en ambos relatos, la violencia ocurre dentro del mismo linaje. Hermano contra hermano en Egipto. Hermana contra hermano; hijos contra madre en Mesoamérica. No es el enemigo lejano el que funda el orden, sino el conflicto más cercano: la familia, el origen. Ahí reside una de las coincidencias más profundas: el adversario no viene de fuera, surge desde dentro.

Estos mitos no ocultan la violencia. La documentan, la hacen enseñanza. La encauzan. La convierten en cimiento. No cualquier violencia, sino una que, al ser narrada y repetida, se vuelve legítima, casi necesaria. Caín y Abel quedan eclipsados… El mundo, parecen decirnos, no nace en armonía: se construye sobre una fractura.

Y, sin embargo, hay una diferencia decisiva entre aquellos relatos y nuestro presente. Ellos comprendieron la ruptura y la convirtieron en símbolo. Nosotros corremos el riesgo de repetirla sin comprenderla.

Hoy, las guerras ya no responden a dioses ni a ciclos cósmicos, pero siguen obedeciendo a la misma lógica: la necesidad de un enemigo, la ambición que mata, la incapacidad de contener el conflicto antes de que se desborde.

Si en el mito el cuerpo debía fragmentarse para explicar el orden, en nuestro tiempo el desafío es otro: evitar que esa fragmentación se vuelva permanente. Porque el verdadero enemigo —como intuyó Marco Aurelio— no siempre está lejos. A veces, habita en nosotros mismos. 


Publicado en La Crónica de Hoy, 24 de marzo 2026. 

Ormuz y la fractura atlántica

 

Ormuz y la fractura atlántica

 

«La guerra no determina quién tiene la razón, solo quién queda.»

Bertrand Russell

 

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron la operación “Furia Épica” contra Irán. La respuesta fue inmediata: Teherán bloqueó el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde circula cerca del 20% del petróleo global. El impacto fue casi instantáneo en los mercados energéticos y en la economía internacional. Ante el cierre, Washington planteó una operación militar para reabrir el paso. La idea incluía la participación de la OTAN como respaldo. Sin embargo, la respuesta europea fue de cautela desde el inicio. Alemania, Francia, Reino Unido e Italia coincidieron en que la alianza no tiene un mandato legal para intervenir en un conflicto fuera de su territorio. A este argumento legal se sumó uno político más profundo. Varios gobiernos europeos interpretan la operación inicial de Estados Unidos e Israel como una decisión tomada sin un proceso amplio de consulta dentro de la alianza, lo que debilita el principio de acción colectiva. Bajo esa lectura, involucrarse después implicaría asumir costos de una estrategia que no contribuyeron a definir. También existe una evaluación interna sobre precedentes: participar en este caso podría ampliar de facto el alcance de la OTAN hacia intervenciones fuera de su marco original.

En ese contexto, el rechazo europeo también refleja una diferencia en la forma de entender el uso de la fuerza. Mientras Washington prioriza la reapertura inmediata del flujo energético global, varios gobiernos europeos consideran que una intervención sin objetivos políticos claros y sin una salida definida puede derivar en un conflicto prolongado. La situación en el terreno reforzó esas dudas. Irán ha construido una estrategia defensiva que aprovecha la geografía del estrecho y el uso de tecnología relativamente accesible. Misiles, drones y minas navales han convertido la zona en un espacio altamente riesgoso. Limpiar esas minas y garantizar el paso seguro de los barcos no es una tarea rápida; requiere tiempo, recursos y exposición constante.

Frente a este panorama, Europa buscó opciones más limitadas. Reino Unido planteó la posibilidad de formar una coalición de países dispuestos, sin usar la estructura de la OTAN. La Unión Europea descartó ampliar sus misiones navales en la zona. Italia redujo su presencia militar y priorizó la seguridad de sus propias bases. La reacción de Washington fue crítica. El presidente Donald Trump acusó a sus aliados de beneficiarse de la estabilidad internacional sin asumir los costos. También advirtió sobre posibles consecuencias para la OTAN si no recibe apoyo. En ese mismo contexto, la dimisión de Josh Paul, encargado de supervisar transferencias de armas y cooperación militar, añadió presión al debate interno: el exfuncionario cuestionó la justificación estratégica de la guerra y advirtió sobre los riesgos de una escalada sin objetivos políticos claros, lo que evidenció divisiones dentro del propio aparato estadounidense.

La crisis del estrecho de Ormuz dejó en evidencia diferencias de fondo. Para Estados Unidos, reabrir la ruta es una prioridad económica y estratégica inmediata. Para Europa, los riesgos de intervenir superan los posibles beneficios. Esta diferencia de enfoques ha tensado la relación transatlántica en un momento delicado. Para México, por su parte, las consecuencias se concentran en varios frentes que se conectan entre sí. El aumento en los precios del petróleo eleva los ingresos por exportaciones, pero ese beneficio convive con una dependencia estructural: la importación de gasolina. Cuando suben los precios internacionales, también lo hace el costo de esas compras, lo que obliga a ajustar subsidios para mantener estables los precios internos. El resultado es un equilibrio delicado entre mayores ingresos petroleros y una presión adicional sobre el gasto público.

En el plano macroeconómico, el encarecimiento de la energía tiende a trasladarse a toda la cadena productiva. El transporte, la industria y los servicios absorben costos más altos, lo que alimenta la inflación. Al mismo tiempo, en contextos de incertidumbre global, los capitales suelen moverse hacia activos considerados más seguros, fortaleciendo al dólar. Esto puede debilitar al peso y encarecer importaciones clave. Aun así, México cuenta con herramientas para amortiguar estos efectos, como la política monetaria y los ajustes fiscales, que permiten contener fluctuaciones abruptas, aunque ciertamente tales condiciones no podrían sostenerse en el largo plazo.

En el sector productivo, el impacto se concentra en la manufactura, especialmente por el costo del gas natural, un insumo esencial. Un aumento sostenido puede reducir márgenes y desacelerar inversiones, aunque también abre espacios para mejorar eficiencia energética y diversificar fuentes. En paralelo, la concentración de la agenda de Estados Unidos en el conflicto puede ralentizar ciertos temas bilaterales, como la negociación del T-MEC, aunque por fortuna la integración económica entre ambos países mantiene incentivos para sostener el diálogo y arribar a buenos resultados para ambas naciones.


Publicado en El Universal, 19 de marzo 2026. 

7/4/26

El químico que ha logrado convertir el aire del desierto en agua

 

El químico que ha logrado convertir 

el aire del desierto en agua



«Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua.» 

Antoine de Saint Exupéry



En los últimos días, en los que el mundo parece haberse acostumbrado a vivir entre noticias de guerra, tensiones geopolíticas y crisis humanitarias, una noticia científica pasó casi desapercibida. Sin embargo, podría representar uno de esos avances silenciosos que cambian el rumbo de la historia: la posibilidad de producir agua potable directamente del aire del desierto. El responsable de esta innovación es el químico Omar Yaghi, premio Nobel y pionero en el desarrollo de materiales conocidos como estructuras metal-orgánicas o MOF, capaces de capturar vapor de agua de la atmósfera incluso en condiciones extremadamente secas.


El avance de Yaghi puede explicarse de manera relativamente simple. Él y su equipo diseñaron materiales cristalinos compuestos por átomos metálicos conectados por moléculas orgánicas que forman una red microscópica llena de cavidades. Estas cavidades funcionan como diminutos recipientes capaces de atrapar moléculas de agua presentes en el aire, incluso cuando la humedad es muy baja. Durante la noche o en las horas más frescas, el material absorbe el vapor de agua; luego, con el calor del sol del día, esas moléculas se liberan y pueden condensarse en forma de agua líquida dentro de un dispositivo cerrado. En otras palabras, el sistema actúa como una esponja molecular que se llena de humedad invisible y, al calentarse, la transforma en gotas de agua potable. Lo notable es que todo el proceso puede funcionar únicamente con energía solar y sin necesidad de electricidad ni infraestructuras complejas, lo que abre la puerta a que estas máquinas se utilicen en comunidades remotas o en zonas donde el acceso al agua es extremadamente limitado.


El desierto ha sido, desde siempre, uno de los grandes símbolos de la imaginación humana. En la literatura y el arte aparece como un territorio de prueba, de silencio y de revelación. En la Biblia, el desierto es el espacio de la travesía y la tentación; en las novelas de Antoine de Saint-Exupéry, el Sahara se convierte en un paisaje donde el ser humano descubre su fragilidad y su profundidad interior; y en el imaginario árabe de Las mil y una noches, el oasis representa ese punto improbable donde la vida resiste en medio de la inmensidad. Durante milenios, los oasis han sido accidentes geográficos, milagros de agua subterránea o de rutas comerciales. Pero el avance presentado por Yaghi plantea algo radicalmente distinto: la posibilidad de crear oasis tecnológicos allí donde antes no existían.


La clave está en los MOF, materiales con una estructura microscópica extremadamente porosa que actúan como esponjas moleculares. Estas estructuras pueden atrapar moléculas de agua presentes en el aire, incluso cuando la humedad es muy baja, como ocurre en muchos desiertos del planeta. Cuando el material se expone al calor del sol, el vapor capturado se libera y puede condensarse en forma de agua líquida potable. En prototipos experimentales ya se ha demostrado que este sistema puede producir agua incluso con niveles de humedad inferiores al 20%, condiciones típicas de regiones áridas.

El contexto en el que surge esta tecnología no podría ser más urgente. Según datos de United Nations, alrededor de dos mil millones de personas en el mundo carecen de acceso seguro al agua potable, y más de cuatro mil millones experimentan escasez severa al menos un mes al año.

Hay algo profundamente simbólico en este avance. Durante siglos, el desierto representó la ausencia, la escasez, el límite de la vida. Hoy, gracias a la ciencia de materiales, podría convertirse en un laboratorio para nuevas formas de habitar el planeta. Si esta tecnología logra escalarse y distribuirse de forma accesible, los oasis dejarán de ser rarezas geográficas para convertirse en realidades fabricadas por la inteligencia humana.


En medio de un mundo saturado de conflictos, esta noticia nos recuerda algo esencial: que el progreso más importante no siempre llega en forma de grandes titulares. A veces surge en silencio, en un laboratorio, en una estructura invisible capaz de capturar una molécula de agua flotando en el aire del desierto. Y en esa pequeña gota puede estar escondida una promesa inmensa.



Publicado en La Crónica de Hoy, 18 de marzo 2026.  


6/4/26

Draft IMSS 2026: el talento médico elige su destino

 Draft IMSS 2026: el talento médico elige su destino 


 «Ser médico es aprender a escuchar el dolor y responder con conocimiento y humanidad»

Tita Ramírez

*La mañana se abre sobre el domo del Centro Social y Deportivo Churubusco del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social. La luz cae entre las estructuras metálicas y se extiende sobre los pasillos donde comienzan a reunirse decenas de especialistas de la salud. Llegan con paso firme. Algunos cargan mochilas donde guardan sus batas blancas cuidadosamente dobladas. Otros revisan una vez más los documentos que acreditan años de estudio, guardias interminables y decisiones tomadas frente a la vida y la muerte. Las credenciales cuelgan del cuello. Las miradas recorren el recinto con expectativa. Aquí comienza el Draft IMSS 2026.

No es solo un proceso administrativo. Es el momento en que cientos de médicos especialistas definen el lugar donde ejercerán su vocación y donde miles de pacientes, aun sin conocerlos, encontrarán atención y esperanza. *Personal del Instituto Mexicano del Seguro Social organiza accesos, verifica registros y orienta a los participantes. En otra área, familiares y acompañantes esperan con nerviosismo y orgullo*. Saben que detrás de cada especialista hay años de sacrificio, estudio y servicio.

Durante diez días, este espacio se convierte en el punto de encuentro entre el talento médico del país y las necesidades de salud de México. El mecanismo es preciso. Cada especialista cuenta con una cita previamente asignada. En el registro se integra la calificación final obtenida durante la residencia de especialidad, un indicador que establece el orden de elección de las plazas disponibles. Quienes alcanzan los mejores resultados eligen primero su destino profesional. Es un sistema que premia el esfuerzo, la disciplina y la excelencia académica. Siete días del proceso están destinados a quienes realizaron su residencia dentro del propio Instituto. *El IMSS mantiene uno de los sistemas de formación de especialistas más grandes de América Latina. Cada año, sus hospitales escuela forman cerca de la mitad de los médicos especialistas que egresan en México, una cifra que refleja el peso del Instituto en la formación del talento médico nacional*. Los tres días restantes se reservan para especialistas formados en otras instituciones de salud y universidades. Dentro del domo se instalan 35 stands, uno por cada Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada del Instituto. En cada espacio se presentan las plazas disponibles, las características de los hospitales y las necesidades específicas de cada región del país. Cada decisión importa.

*Porque detrás de cada plaza hay una comunidad que espera atención médica. Un hospital que necesita talento. Pacientes que aguardan diagnóstico, tratamiento y cuidado. El Draft del IMSS no solo distribuye médicos especialistas. Distribuye esperanza y capacidad de atención en todo el territorio nacional. Ahí radica su importancia. Cada médico que elige su destino también elige convertirse en parte de la gran red de atención médica que sostiene al sistema de seguridad social más grande de América Latina. El IMSS no solo forma especialistas. Los integra a una misión mayor: cuidar la salud de millones de mexicanos.
En ese domo, bajo la luz de la mañana, comienza una nueva etapa para cientos de médicos. Pero también comienza una nueva etapa para miles de pacientes que, sin saberlo aún, pronto encontrarán en ellos a quien los escuche, los diagnostique y los cuide. Porque la medicina, al final, no es solo una profesión. Es una forma de servir a la vida.


Publicado en El Universal, 12 de marzo 2026.

Avances y retos: 8 de marzo

 

Avances y retos: 8 de marzo




En el marco del Día Internacional de las Mujeres, el 8 de marzo de 2026, y en compañía de las integrantes de su gabinete paritario, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo presentó una evaluación de las acciones emprendidas por su gobierno para fortalecer los derechos de las mujeres.

El planteamiento central de su administración se ubica en la consolidación de la igualdad sustantiva, entendida como una responsabilidad del Estado para corregir desigualdades históricas y garantizar el ejercicio pleno de derechos.

Este enfoque reconoce la desigualdad histórica que han enfrentado mujeres, niñas y adolescentes, establece la obligación del Estado de proteger sus derechos y orienta las políticas públicas hacia condiciones reales de igualdad.

Durante las actividades conmemorativas del 8 de marzo, la presidenta anunció que el mes estaría dedicado al reconocimiento de las mujeres que sostienen al país en distintos ámbitos laborales. Bajo el nombre de “Tejedoras de la Patria”, el gobierno federal inició una serie de homenajes a mujeres de sectores diversos.

El primer reconocimiento fue dirigido a las integrantes de las Fuerzas Armadas de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Secretaría de Marina. Flanqueada, además, por los titulares de ambas instituciones, el general Ricardo Trevilla Trejo y el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, la presidenta subrayó que el país ha registrado avances en protección, igualdad, equidad y prevención de la violencia contra las mujeres.

En ese contexto, recordó a mujeres que contribuyeron a la construcción histórica del país, como Leona Vicario, Josefa Ortiz, Téllez-Girón, Margarita Maza, Gertrudis Bocanegra y Rita Cetina. Señaló que sus aportaciones en distintos momentos de la historia nacional forman parte del proceso que permitió consolidar una nación libre, independiente y soberana.

Durante su mensaje expresó que el 8 de marzo representa un momento para reconocer avances y también para mantener la atención en los desafíos pendientes. Aseguró que persisten retos que requieren continuidad en las políticas públicas y en el fortalecimiento institucional. Señaló que la igualdad plena se construye a partir de leyes, instituciones y políticas públicas que generen condiciones reales de justicia y oportunidades.

En materia de salud, la presidenta inauguró el Hospital Oncológico para la Mujer en la alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México. El hospital cuenta con un área de diagnóstico territorial, mastógrafos con interpretación asistida por inteligencia artificial, quirófanos y salas de quimioterapia.

La intención del gobierno federal consiste en replicar este modelo en otras regiones del país. La nueva unidad médica tendrá un papel importante frente al cáncer de mama, cervicouterino y de ovario, ya que se impulsa un programa universal de detección temprana que contempla la realización de medio millón de mastografías durante este año, acompañado de la adquisición progresiva de cien mastógrafos.

En el ámbito de seguridad y justicia, la administración federal reportó avances en la reducción de feminicidios y en la tipificación de nuevas formas de acoso sexual.

También se anunciaron medidas para fortalecer la búsqueda de personas desaparecidas mediante el fortalecimiento de la Comisión Nacional de Búsqueda, del Centro Nacional de Identificación Humana y de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

Adicionalmente, se contempla la creación de una Base Nacional Única de Información Forense y de una Plataforma Nacional de Identificación Humana. Entre las medidas propuestas se incluye la activación inmediata de alertas de búsqueda en corporaciones de seguridad de todo el país, la equiparación del delito de desaparición con el de secuestro y la publicación mensual de cifras de carpetas de investigación relacionadas con desapariciones.

Publicado en La Crónica de Hoy, 10 de marzo 2026.



40 horas: Reforma con consenso

 40 horas: Reforma con consenso


«Llegar juntos es el principio; mantenerse juntos es el progreso; trabajar juntos es el éxito.»

Henry Ford


El 5 de marzo de 1876 se instaló en la Ciudad de México el Primer Congreso General de Obreros de la República Mexicana. Cerca de ciento sesenta delegados, en representación de unas setenta asociaciones, se reunieron para dar forma a una agenda común frente a jornadas que podían superar las catorce horas diarias. Durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, el encuentro expresó una inconformidad social que buscaba cauces organizados. La presencia de Soledad Sosa, destacada activista laborista, abrió un precedente en la participación femenina dentro del movimiento obrero. Aquel congreso colocó en el centro la necesidad de limitar el tiempo de trabajo. El reclamo surgía de las extensas jornadas, la fatiga acumulada y el escaso margen para la vida familiar. La organización nacional permitió transformar quejas dispersas en propuestas colectivas. Desde entonces, la duración de la jornada quedó vinculada con la dignidad del trabajador y con la estabilidad social.

Esa semilla influyó en el proceso que culminó en la Constitución de 1917. El artículo 123 fijó la jornada máxima de ocho horas diarias y el descanso semanal obligatorio. El Estado asumió la responsabilidad de regular el tiempo laboral. Sin embargo, durante más de un siglo, el estándar constitucional se mantuvo en cuarenta y ocho horas semanales distribuidas en seis días.

La reforma recién aprobada modifica ese parámetro histórico mediante una reducción gradual hasta llegar a cuarenta horas semanales en 2030. El esquema establece un descenso progresivo: en 2026 se mantienen cuarenta y ocho horas; en 2027 baja a cuarenta y seis; en 2028 a cuarenta y cuatro; en 2029 a cuarenta y dos; y en 2030 se consolidan las cuarenta horas. Este calendario constituye el núcleo de la reforma. El cambio reside en la transición ordenada y obligatoria hacia un nuevo límite semanal.

La gradualidad busca ofrecer certidumbre a trabajadores y empleadores. Las empresas cuentan con un tiempo definido para ajustar turnos, procesos y costos. Los trabajadores conocen con anticipación el ritmo en que se ampliará su tiempo de descanso. El diseño evita sobresaltos abruptos en la operación productiva y mantiene al Estado como eje rector.

Desde la perspectiva institucional, la reducción a cuarenta horas responde a una evolución histórica del derecho al descanso. El planteamiento original de 1876 aspiraba a frenar jornadas extenuantes. La reforma actual amplía ese principio bajo condiciones económicas distintas. El objetivo consiste en fortalecer la salud física y mental, mejorar la convivencia familiar y elevar la calidad de vida. Además, existen beneficios esperados. Una jornada más corta puede reducir el agotamiento y los riesgos asociados al estrés laboral. Un trabajador con mayor tiempo disponible tiende a mantener una mejor concentración durante su horario efectivo. La redistribución del tiempo también puede incentivar esquemas de organización más eficientes dentro de los centros de trabajo.

No podemos soslayar que el debate público también ha señalado desafíos concretos. Algunos sectores empresariales advierten incrementos en costos operativos, sobre todo en actividades que requieren cobertura continua. La necesidad de contratar personal adicional o reorganizar turnos puede impactar los presupuestos, en especial en pequeñas y medianas empresas. También se ha discutido la posibilidad de extender el límite de horas extraordinarias hasta doce semanales, lo que exige vigilancia para asegurar su pago conforme a la ley. Otro punto de análisis es la forma en que se distribuyan las cuarenta horas. La reforma fija el total semanal, aunque deja margen para definir la organización diaria. La autoridad laboral tendrá un papel relevante en la supervisión y en la emisión de lineamientos que garanticen que el espíritu del descanso efectivo se cumpla en la práctica.

Por su parte, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) respaldó la reforma y destacó su participación en las mesas de trabajo convocadas para su construcción. Su dirigente, Tereso Medina, ha expresado que la reducción de la jornada laboral a 40 horas representa una bandera histórica para la CTM, al considerarla un avance largamente impulsado por el movimiento obrero en favor de mejores condiciones de vida para los trabajadores. No obstante, subraya que su aplicación debe realizarse mediante una implementación progresiva y consensuada, proyectada hacia 2030, con el objetivo de garantizar la estabilidad laboral y la productividad de las empresas. Asimismo, enfatiza la importancia de privilegiar la negociación sobre la confrontación, promoviendo un diálogo tripartito entre gobierno, sector empresarial y trabajadores para asegurar que la reforma no afecte el ingreso familiar. En este contexto, la CTM también acompañará el proceso de armonización de la legislación secundaria, a fin de que la reducción de la jornada se concrete de manera ordenada y equilibrada.

A ciento cincuenta años del primer congreso obrero, la reducción gradual de la jornada representa un avance en la ampliación de derechos laborales. Ahora la tarea consistirá en aplicar la reforma con responsabilidad, supervisión efectiva y diálogo permanente entre sectores.


Publicado en El Universal, 5 de marzo 2026.

El orden que impone la fuerza

 

El orden que impone la fuerza



La creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945 fue un intento civilizatorio. Después de dos guerras mundiales, la humanidad quiso creer que la razón podía imponerse sobre la fuerza y que el diálogo sustituiría al cañón. La Carta de San Francisco consagró la igualdad soberana de los Estados, pero también reconoció, con realismo, que el poder no desaparece por decreto: el Consejo de Seguridad otorgó el derecho de veto a las potencias vencedoras. Desde su origen, la ONU encarnó esa tensión: un ideal jurídico y una estructura jerárquica. Igualdad formal en la Asamblea General; concentración efectiva del poder en cinco capitales. No fue un error de diseño, sino el reconocimiento de que el orden internacional no nace del consenso moral, sino del equilibrio de fuerzas.

Durante la Guerra Fría, el organismo funcionó como una válvula de contención. No eliminó la rivalidad entre bloques, pero ofreció un espacio donde la confrontación podía transformarse en negociación. En algunos momentos evitó que la escalada derivara en catástrofe nuclear; en otros, mostró su impotencia. Su eficacia siempre dependió menos de sus principios que de la voluntad de las potencias.

Con el fin del mundo bipolar, muchos imaginaron el triunfo definitivo del multilateralismo. Sin embargo, la historia demostró que la desaparición de un contrapeso no elimina la lógica del poder, sino que la redistribuye. Las misiones de paz se multiplicaron, pero también lo hicieron los conflictos asimétricos, las intervenciones indirectas y las disputas por recursos estratégicos.

En el siglo XXI, la competencia global ya no se expresa únicamente en divisiones ideológicas, sino en cadenas de suministro, minerales críticos, rutas energéticas y tecnologías emergentes. Los territorios con abundancia de recursos naturales se convierten en piezas centrales de una arquitectura económica diseñada en otros centros de decisión. La interdependencia no ha sustituido la jerarquía; la ha sofisticado.

La Organización de las Naciones Unidas aparece entonces como un jugador más que como un árbitro. Sus resoluciones tienen validez cuando coinciden con el interés de los poderosos; se diluyen cuando chocan con él. El derecho internacional existe, pero su aplicación depende de la correlación de fuerzas. La igualdad jurídica convive con una desigualdad material persistente. Esto no significa que el organismo carezca de valor. Sin la ONU, el mundo sería más opaco, más imprevisible y probablemente más violento. Sus agencias humanitarias salvan millones de vidas; sus foros permiten que Estados pequeños hagan oír su voz. Pero no puede superar los límites que le impone el sistema del cual forma parte.

La pregunta no es si la ONU fracasa, sino si puede trascender la estructura que la sostiene. ¿Puede existir un orden internacional verdaderamente normativo en un mundo donde la soberanía se defiende con poder económico, militar y tecnológico? ¿Puede la ley imponerse cuando el poder sigue siendo el fundamento último de la seguridad?

Tucídides escribió hace veinticinco siglos que, en ausencia de equilibrio, prevalece la lógica del más poderoso. La modernidad intentó matizar esa sentencia mediante instituciones, tratados y principios universales. Sin embargo, la historia contemporánea recuerda que la capacidad de imponer no desaparece: cambia de forma. Quizá la ONU no sea la negación de la frase de Tucídides, sino su versión civilizada. Un espacio donde la coerción se discute antes de ejercerse, pero sigue siendo decisiva. Mientras el poder determine el alcance del derecho, el orden internacional continuará oscilando entre la aspiración moral y la realidad estratégica. La cuestión de fondo no es institucional, sino ética: es si la humanidad será capaz de construir un equilibrio que no repose únicamente en la capacidad de imponer, sino en la convicción compartida de limitarse. Hasta entonces, el orden seguirá siendo, en última instancia, el que impone la fuerza.

Publicado en La crónica de Hoy, 3 de marzo 2026.