6/7/26

Donde termina el odio y empieza el otro

 Donde termina el odio y empieza el otro



Publicado en El Universal, 18 de junio,2026.

Las dueñas de la palabra

 

Las dueñas de la palabra



La historia suele recordar a los conquistadores, a los gobernantes, a los hombres que ocuparon los espacios del poder visible. En junio, mes que celebra la inclusión y la diversidad de las experiencias humanas, vale la pena recordar que durante siglos hubo mujeres cuya existencia misma fue una forma de desafío. La primera de ellas aparece en el amanecer mismo de la civilización. Enheduanna vivió hace más de cuatro mil años en la antigua Mesopotamia. Hija del rey Sargón y suma sacerdotisa, habitó una época en la que el poder se escribía con nombres de hombres. Sin embargo, algo extraordinario ocurrió. Aquella mujer decidió colocar su firma en sus propios textos, constituyendo una revolución silenciosa. Por primera vez en la historia conocida, una autora afirmaba que esas palabras tenían dueña. Sus himnos dedicados a Inanna no solo expresaron lo sagrado, también fortalecieron la estabilidad política de un imperio y demostraron que la literatura podía influir en el destino de los pueblos, mucho antes de que existieran las grandes tradiciones literarias de Occidente.


Siglos después, en la isla de Lesbos, Safo de Mitilene escribió versos que aún conservan la temperatura de una emoción humana. En una época donde las voces femeninas eran casi inexistentes en los registros, su poesía habló del amor, del deseo, de la belleza y de la ausencia con una honestidad conmovedora. Platón la llamó la Décima Musa porque reconoció en ella una grandeza reservada para muy pocos creadores. Sus versos defendieron el derecho de las mujeres a existir en el centro de sus propias historias. El amor que expresó a otras mujeres atravesó los siglos con una fuerza tan profunda que su nombre quedó unido para siempre a una identidad y a una manera de sentir.

La Edad Media ofreció pocos espacios para las mujeres que deseaban participar de la vida intelectual. Christine de Pizan decidió ocupar uno de ellos. Tras enviudar, encontró en la escritura el sustento para su familia y la razón de su independencia. Cada libro suyo fue una respuesta a una época empeñada en presentar a las mujeres como seres inferiores. En La ciudad de las damas imaginó una comunidad construida sobre la inteligencia, la virtud y el talento femenino. Aquella visión poseía algo profundamente subversivo. Cristina se atrevió a imaginar otro mundo en el que la literatura se convirtiera en un instrumento de justicia.

Esa misma convicción aparece siglos más tarde en Sor Juana Inés de la Cruz. En el convento encontró un espacio para estudiar, escribir y pensar, y se convirtió en la voz más destacada del Barroco en Hispanoamérica. En su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz defendió con valentía el derecho de las mujeres al conocimiento. Desafió una estructura de poder que intentó reducir su libertad intelectual y la despojó de sus más 4 mil libros, su mayor tesoro. Sin embargo, tras su muerte aparecieron ocultos en su celda ciento ochenta libros e instrumentos musicales. El conocimiento sobrevivió escondido, protegido con terquedad amorosa, esperando el momento de volver a la luz.

María Moliner prolongó esa misma batalla en el siglo XX desde la soledad de su escritorio. Durante quince años ordenó, definió y explicó el idioma español con una dedicación casi heroica. El resultado fue un diccionario de más de tres mil páginas. Paradójicamente, la mujer que enriqueció el español como pocos jamás obtuvo un asiento en la Real Academia Española. En el final de su vida, la enfermedad fue apagando su memoria y su lenguaje, como si la historia repitiera una última ironía sobre quien había dedicado su existencia a defenderlos. Entre ellas queda una línea común que atraviesa siglos. La palabra como espacio conquistado frente a la exclusión, la escritura como prueba de presencia en un mundo que intentó negarlas.


Publicado en La Crónica de Hoy,16 de junio, 2026.


Hoy vuelve a rodar la esperanza

 Hoy vuelve a rodar la esperanza


«El fútbol es el lenguaje que habla el mundo.»
Franz Beckenbauer
Hoy, 11 de junio de 2026, México volverá a hacer historia. Por tercera ocasión inaugurará una Copa Mundial de Fútbol. Ningún otro país ha tenido ese privilegio. La emoción se respira en las calles, en las plazas, en los hogares donde las generaciones se encuentran alrededor de una pelota, una camiseta o un recuerdo.
Los Mundiales suelen medirse por goles memorables, estadios repletos y celebraciones multitudinarias. Sin embargo, las grandes historias comienzan mucho antes del silbatazo inicial. En esta ocasión, una de ellas se construyó desde una visión que entendió al fútbol como una herramienta de encuentro social.

Ese camino comenzó varios meses antes de la inauguración. Bajo el concepto de Mundial Social, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) impulsó una estrategia que buscó convertir la fiesta deportiva en una oportunidad para fortalecer comunidades, recuperar espacios públicos y abrir nuevas posibilidades para miles de personas.
Los resultados hablan por sí mismos. Fueron rehabilitados 64 espacios y canchas de fútbol de salón distribuidos en 39 municipios de las 32 entidades federativas. Cada una de estas instalaciones fue acondicionada bajo especificaciones oficiales para garantizar seguridad, funcionalidad y accesibilidad. El Mundial Social encontró una de sus expresiones más poderosas en el fútbol femenil. Se organizó el torneo de fútbol de salón para mujeres más grande realizado en México. Participaron 320 equipos y 3 mil 539 jugadoras de categoría Sub-21. Más allá de los resultados deportivos, la competencia abrió una ventana para el desarrollo de talento nacional rumbo al Mundial Femenil de Futsal de 2029. La selección de Chihuahua levantó el trofeo en la final disputada en el Parque Ecológico Lago de Texcoco. La inclusión encontró otra dimensión con la celebración del torneo Street Child Fútbol, que reunió en México a 350 niñas, niños y jóvenes provenientes de contextos de violencia, abandono y vulnerabilidad de 20 países. En un mundo marcado por divisiones, el balón volvió a demostrar que puede convertirse en un lenguaje común.
En adición, tal como lo ha señalado el Mtro. Zoé Robledo, director general del IMSS, la construcción del legado mundialista también pasa por la seguridad y la capacidad de respuesta institucional: “Instalamos hace unos días el Comando Central IMSS Mundial de Fútbol 2026, declarado en sesión permanente para monitorear las sedes deportivas, los sitios donde se realizarán los Fan Fest y, en general, los puntos de mayor afluencia turística”. La preparación tomó más de nueve meses. Hoy existen más de mil 400 profesionales capacitados para responder ante cualquier contingencia. Operan 253 unidades de respuesta, de las cuales 40 se concentran en Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León. Además, 17 unidades estratégicas permanecen listas para actuar según las necesidades de cada región. La vigilancia se mantiene sobre cinco grandes áreas: epidemiología, atención médica, infraestructura, protección civil y comunicación oportuna. Su misión es garantizar que la celebración transcurra con seguridad para millones de asistentes y visitantes. La exposición “La Ciudad que nunca ha dejado de jugar”, inaugurada recientemente en la sede de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, ayuda a entender esa continuidad histórica. Más de 600 piezas aportadas por más de 40 coleccionistas recorren los recuerdos de 1970, el Mundial Femenil de 1971, la Copa de 1986 y el horizonte de 2026. Son objetos sencillos, boletos, balones, estampas, llaveros y fotografías. Sin embargo, cada uno guarda una emoción colectiva.
Hoy inicia el Mundial. Hoy vuelve la fiesta. Hoy vuelve a rodar el balón. Y con él, también la esperanza.


Publicado en El Universal, 11 de junio, 2026.