20/3/12

ELLOS Y ELLAS

Jorge Gaviño Ambriz
“igualdad para los iguales, desigualdad para los desiguales" - ése seria el verdadero discurso de la justicia: y, lo que de ahí se sigue, "no igualar jamás a los desiguales".
Friedrich Nietzsche

Mexicanos y mexicanas, niños y niñas, todos y todas… En la última década se ha empezado a utilizar esta connotación para hacer distinción en los géneros y de esta manera darles un supuesto lugar a las mujeres, incluso en la manera de hablar; esto se ha llamado “lenguaje incluyente”. Pero, ¿de verdad este lenguaje ayuda a la comunicación así como a la integración de la mujer?
Desde los años 60’s comenzaron los movimientos feministas debido al papel que las mujeres representaban en la sociedad como un objeto y no como ser humano capaz de tomar decisiones, realizar actividades y tener una vida independiente. La represión total en la que vivían las llevó a luchar por obtener los mismos derechos que los hombres, generando una revolución social que logró mucho más de lo que inicialmente se pensó.
Con el feminismo y las nuevas ideologías surgió el concepto de la igualdad de género, que tiene como objetivo principal colocar a la mujer y al hombre en un status social en donde ambos tengan las mismas oportunidades, derechos y obligaciones. A pesar de que la historia ha sufrido grandes levantamientos sociales, políticos y culturales, el feminismo tiene una motivación muy definida; acercar a la mujer y facilitarle el derecho de ser escuchada, así como ser también parte del sistema político.
Sin embargo las revoluciones también tienen sus derrames y escapes, pues el discurso feminista se ha vuelto el discurso de derechos que las mujeres reclaman y obligaciones que los hombres están inconformes a dar. ¿Cuáles son las justificaciones para que las mujeres puedan, hoy en día, tener más derechos y menos obligaciones? Al parecer ésta recae en la historia, y nosotros hemos de pagar la sombra en la que las mujeres vivieron marginadas durante mucho tiempo.
Vivimos en un momento de crisis democrática en donde la inalcanzable conquista  por más y mejores derechos rebasan ciertas libertades e incluso algunas obligaciones atentan contra la moral. ¿Será un síntoma de culpa? O mejor dicho, ¿Será que hemos confundido lo que es la “igualdad” de lo que significa tener una “equidad” hacia cualquier persona ya sea hombre o sea mujer?
Algunas feministas no se sienten incluidas cuando alguien utiliza el concepto “hombre”, como por ejemplo: “…el hombre ha trascendido en la historia…”. Esto es tan absurdo como si los hombres no se sintieran incluidos cuando se habla de “la humanidad”, igual si quisiéramos cambiar “la Patria” que proviene de pater (padre) por “la Matria” (de madre), como algunas radicales piensan que debería ser.
Si México quiere llegar a consolidarse como una sociedad equilibrada, necesita enfocar mejor su visión en lograr que la democracia tenga una amplia participación en donde tanto mujeres como hombres puedan tener derechos y obligaciones, y también puedan decidir sin límites ni prejuicios. No podemos seguir cayendo en la generalización ni en la discriminación de género, debemos avanzar por un camino equilibrado donde se encuentre el peso justo para mejorar las condiciones sociales, políticas y culturales para alcanzar una sociedad más integral y llegar a ser una democracia imparcial.
Lograr la igualdad es un reto, no aceptar el desafío es pertenecer a esos desiguales que exigen mucho y aportan poco. El empoderamiento consiste en la destreza que podamos tener para concretar nuestro propio camino y el de nuestra gente.
No hay nada más diferente en lo físico de la mujer que el hombre. Me arriesgo a recibir ataques de algunas indignadas feministas y declaro que, el hombre como género y la mujer no son iguales. Precisamente en la diferencia está la maravillosa y exquisita unión que nos lleva a ser completos en la especie, de ahí la grandeza del ser humano que se levanta y llega a una sociedad más justa y equitativa que trate desigual a los desiguales e igual a los iguales, así como lo visualizó Nietzsche.


Twitter @jorgegavino



Publicado el día lunes 27de febrero del 2012 en el sol de México

EL FUTURO DE MÉXICO A DIETA

Jorge Gaviño Ambriz

“De gordos y tragones están llenos los panteones”
Refrán popular

“está gordito…está sanito...!” dicho que con frecuencia se decía entre las personas para determinar la salud de un niño obeso. En la actualidad sufrimos las consecuencias con una incontrolable obesidad infantil en nuestra sociedad, gracias a la mentalidad poco informada.
Conocida como una alteración corporal caracterizada por un aumento excesivo de la grasa del cuerpo, la obesidad se define en estos días como un problema amenazante en nuestras sociedades. En México, este problema se extiende a su población infantil, misma que a pesar de su corta edad, enfrenta una crisis que ya ha alcanzado el término de pandemia y lo más preocupante es que el futuro del país está empeñado en ganar esta carrera.
Es una realidad que México ha superado a Estados Unidos en este tema de obesidad, pues está comprobado que 3 de cada 5 niños sufren de este problema. Las instituciones médicas especializadas en nutrición, psicología y pediatría mexicanas han hecho alertas a la ciudadanía para controlar y poner un límite a esta situación.
Aquellos niños que tienen de sobrepeso han desarrollado limitantes físicos en su vida, enfrentando agresiones psicológicas y sociales dentro de su entorno tanto escolar como familiar; la burla y la discriminación son factores claves para que su infancia no logre la plenitud esperada, razón por la que muchos se convierten en adultos inadaptados social y emocionalmente. Pero en realidad, ¿quiénes son los responsables? ¿Son aquellos padres “gordos” los que transmitiendo ese patrón a sus hijos les hacen creer que es normal vivir de esa manera? ¿O  aquellos que por falta de tiempo y responsabilidad no le dan la importancia debida y también quienes lo ignoran pensando que sus hijos viven sanos?
Por otro lado, la población busca justificarse encontrando a la gastronomía mexicana como la verdadera culpable, pues ésta tiene mala fama de ser comida grasosa y chatarra, misma que provoca la obesidad. Pero en realidad nuestra gastronomía bien aplicada es rica en nutrientes con una gran variedad de frutas y verduras, de los cuales incluso carecen varios países.
 Haciendo hincapié en puntos remotos de nuestra historia, antes de la conquista española, los pueblos mexicas gozaban de una salud envidiable gracias a su sana alimentación y diversas actividades. Sin embargo hoy en día la comodidad de los productos enlatados y la misma comida rápida que incluso nos llega a domicilio, ha impulsado malos hábitos alimenticios desde la forma de preparación, horarios, productos y hasta cantidades. Haciéndonos creer que nuestro metabolismo debe adaptarse a las nuevas formas de alimentación y no nosotros cuidar y regular nuestras actividades y nutrientes que nuestro cuerpo necesita.
Tenemos que modificar todo un patrón cultural que nos hace percibir a los obesos como punto de referencia y con ello entrar a un círculo vicioso y empezar a entrar a uno virtuoso para que nos sea más común ver a alguien delgado y en forma, y no observar todo el tiempo a personas descuidadas, sobretodo si son niños, empezando así una nueva cultura de alimentación y buenas costumbres físicas.
Si no cuidamos del futuro y la salud de nuestros pequeños, en un presente no muy lejano, tendremos una juventud que cumpla con todos los requisitos suficientes para llenar los formularios que los acrediten como personas obesas, aumentando así la diabetes, problemas cardiacos y otras enfermedades comunes entre las personas con sobrepeso.
La obesidad es producto de un problema integral, tenemos que desmantelar todo el andamiaje que lo produce, mismo que va desde aspectos culturales psicológicos, sociales y biológicos; hacer esto rescatará a muchos niños y jóvenes de un destino de desesperación y enfermedad.

Twitter @jorgegavino


Publicado el día lunes 20 de febrero del 2012 en el sol de México