20/10/25

Los Nobel 2025: ciencia, imaginación y el poder de lo colectivo

 

Los Nobel 2025: ciencia, imaginación y el poder de lo colectivo




“El Nobel no premia a personas, premia ideas que cambian al mundo.” — M. Curie

Desde su creación hace más de un siglo por Alfred Nobel, el Premio Nobel ha sido mucho más que un simple galardón: se ha transformado en un reflejo simbólico del contexto político, científico y cultural de cada época.

A lo largo de su historia, más de 900 personas y organizaciones han sido reconocidas en distintas disciplinas. Figuras como Marie Curie obtuvieron dos Nobel en áreas diferentes, mientras que otras, como Rosalind Franklin o Mahatma Gandhi, quedaron fuera del reconocimiento por razones institucionales o políticas. Incluso Albert Einstein fue premiado por un hallazgo menor en comparación con su Teoría de la Relatividad.

Los galardones de este año resultan particularmente interesantes. En Física, fueron otorgados a John Clarke, Michel Devoret y John Martinis, quienes lograron algo que parecía imposible: llevar el efecto túnel cuántico —un fenómeno que permite a las partículas atravesar barreras que deberían ser infranqueables— a una escala humana. En experimentos pioneros realizados en la Universidad de California, diseñaron circuitos superconductores capaces de mostrar ese extraño fenómeno cuántico en chips del tamaño de una mano. Al estudiar cómo los electrones atravesaban colectivamente una capa aislante, demostraron que lo cuántico también puede operar en lo visible. Su trabajo constituye la base de la computación cuántica moderna, con aplicaciones concretas en sensores, tecnologías de comunicación y algoritmos avanzados.

Devoret y Martinis han sido figuras clave en los desarrollos cuánticos de Google. Gracias a dichos avances, damos pasos hacia un campo unificador: al integrar las dimensiones del microcosmos, el macrocosmos y el humano, se impulsa una visión que aspira a ligar lo diminuto, lo inmenso y nuestro propio ser como partes de una realidad coherente y conjunta, una relación explorada también en la física moderna al recrear estados del universo temprano en laboratorio.

En Química, Susumu Kitagawa, Richard Robson y Omar Yaghi fueron premiados por crear materiales capaces de reinventar el espacio a escala molecular. Se trata de las estructuras metal-orgánicas (MOF), redes porosas con cavidades microscópicas que actúan como filtros, trampas o catalizadores. Estas “esponjas moleculares” ya se utilizan para capturar CO₂, liberar fármacos de forma controlada o extraer agua del aire. Uno de los galardonados, Omar Yaghi, creció en un campo de refugiados palestinos. Su historia es testimonio del papel igualador de la ciencia.

El Premio de Medicina o Fisiología distinguió a Mary Brunkow, Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi por descubrir un mecanismo esencial que impide que el sistema inmune ataque al propio cuerpo: las células T reguladoras. Estas células, junto con el gen FOXP3, son responsables de mantener el equilibrio inmunológico y prevenir enfermedades autoinmunes. Su hallazgo transformó nuestra comprensión del cuerpo como una comunidad biológica que necesita contención interna. La propia Brunkow, con una carrera breve pero contundente, representa una excepción poderosa en un sistema que suele premiar la cantidad por encima de la calidad.

En Literatura, el Nobel fue para el húngaro László Krasznahorkai, una voz exigente que se mueve entre lo espiritual y lo apocalíptico. Su escritura, densa y obsesiva, no busca consuelo ni claridad, sino una verdad profunda, escondida en la complejidad del lenguaje.

El Premio Nobel de la Paz reconoció a María Corina Machado, figura de la oposición venezolana, por su defensa de la vía institucional frente al autoritarismo. En un contexto de polarización, su elección responde a principios democráticos universales: el derecho a disentir, el poder de la persistencia civil y el rechazo a la violencia.

Finalmente, el Nobel de Economía fue compartido por Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por sus contribuciones al entendimiento del crecimiento económico basado en la innovación. Mokyr, historiador económico, explicó por qué el crecimiento sostenido fue posible tras la Revolución Industrial: porque surgió una cultura que valoró el conocimiento científico y la curiosidad técnica. Aghion y Howitt desarrollaron la teoría de la destrucción creativa, que muestra cómo las nuevas tecnologías reemplazan a las viejas, generando progreso pero también resistencia. Su modelo subraya que, para sostener el crecimiento, es crucial gestionar los conflictos que surgen cuando el cambio amenaza intereses establecidos.

En todos los campos, los Nobel de este año apuntan en la misma dirección: el conocimiento no se construye por acumulación, sino por imaginación colectiva. No es un privilegio aislado, sino una forma de esperanza compartida.

Publicado en La Crónica de Hoy, 14 de octubre 2025.

El derecho a la salud al alcance de todos


El derecho a la salud al alcance de todos


 “El mayor bien es la salud; sin ella, todo lo demás pierde valor.”

A. Schopenhauer


El pasado 6 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación del Sistema de Salud Nacional, cuyo objetivo será transformar la manera en que las y los mexicanos acceden a la atención médica.

Este paso es fundamental, ya que, según la Organización Mundial de la Salud, garantizar el derecho humano a la salud sin discriminación implica asegurar las condiciones necesarias para que cada persona pueda desarrollar su vida con libertad y oportunidades. Sin salud no hay aprendizaje, no hay posibilidad de sostener un proyecto de vida ni de participar activamente en la sociedad. Proteger este derecho transforma realidades, rompe ciclos de exclusión y amplía horizontes. Además, constituye la base para el ejercicio efectivo de otros derechos, como la educación, el trabajo, la equidad y la justicia social.

De consolidarse, en 2027 el Sistema de Salud Nacional tendría como columna vertebral un registro único para cada ciudadano, lo que facilitaría la atención médica en cualquiera de las tres principales instituciones de salud pública del país: IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar.

En términos generales, un sistema de salud universal ofrece varios beneficios clave, tanto a nivel individual como colectivo. En primer lugar, facilita el acceso a servicios preventivos, de tratamiento y de rehabilitación. Esto no solo mejora la salud de la población, sino que también reduce la propagación de enfermedades, contribuyendo a una mejor salud pública en general. La atención oportuna evita que

padecimientos menores se conviertan en problemas graves, mejorando así la calidad de vida y reduciendo la carga de enfermedad.

Otro beneficio fundamental es la protección financiera. Actualmente, muchas personas en México enfrentan barreras económicas para acceder a atención médica, lo que las obliga a endeudarse o vender bienes para cubrir los costos de un tratamiento. Este dato es especialmente relevante si se compara con países como Costa Rica, donde se garantiza la cobertura a toda la población y el gasto de bolsillo representa cerca del 22.4 % del gasto sanitario total. En México, esa proporción es mucho mayor, alcanzando el 38.8 %. Según el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), este gasto directo de las familias mexicanas está muy por encima de otros países del continente, como Colombia (13.6 %), Brasil (22.4 %) y Argentina (24.4 %). Si el sistema llega a materializarse, las y los mexicanos podrían recibir atención sin comprometer su estabilidad financiera ni caer en situaciones de pobreza por gastos médicos.

Una ventaja adicional de este sistema es la equidad en el acceso a los servicios de salud. En el pasado, las personas con menos recursos o aquellas no afiliadas a alguna institución pública han enfrentado grandes dificultades para acceder a atención médica. Con la implementación del nuevo sistema, todas las personas, independientemente de su nivel socioeconómico o afiliación, podrán recibir atención de calidad.

De igual manera, se buscaría garantizar una cobertura universal e igualitaria, acercando los servicios de salud a cada rincón del país. Esto representaría un avance significativo en la lucha contra las desigualdades sociales. Además, contribuiría al fortalecimiento económico de México: una población sana es más productiva y tiene mayor potencial para contribuir al desarrollo social y económico. La buena salud no solo reduce los costos médicos, sino que también fortalece la economía a largo plazo.

Si bien el sistema buscaría centrarse en atender los aspectos fundamentales de la salud pública, en un futuro cercano podría incorporar innovaciones clave, como consultas por telemedicina y la digitalización universal de expedientes médicos, lo que facilitaría un acceso más rápido y eficiente. También sería necesario adoptar un enfoque proactivo, con programas de prevención y educación sobre hábitos saludables.

En cuanto a la salud mental, se orientaría hacia una línea preventiva, educativa y personalizada, con un acompañamiento continuo que garantice el bienestar a largo plazo y con contacto humano. Además, sería fundamental desestigmatizar este tema y promover espacios seguros donde se normalice su tratamiento y concientización.

Sin duda, alcanzar esta meta representaría uno de los mayores logros del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum y la consolidación del “Segundo Piso de la Transformación”. Acceder a un sistema de salud universal sólido, con financiamiento centralizado y acceso equitativo, no solo aliviaría la carga financiera de los hogares, sino que también representaría un avance sustancial en los indicadores nacionales de salud y en el fortalecimiento de la seguridad social. Este modelo traza un rumbo claro para México hacia una cobertura sanitaria justa, eficiente y sostenible.

Publicado en  El Universal, 9 de octubre 2025.